Oportunismo o responsabilidad de una generación

Alberto Baldoví Herrera me hizo revivir una serie de reflexiones sobre mi generación y por eso le he agradecido su artículo en El Tiempo del 13 de septiembre. Recordé toda esa gama de movimientos surgidos a raíz de la dictadura del general Rojas Pinilla, compuestos por contemporáneos míos y que, hacia mediados de 1956, estaban en plena efervescencia.

Reuniones, periódicos, libros, expresaban las inquietudes de la «generación del Medio Siglo». Es indiscutible que en esa época éramos un grupo bastante cohesionado.

Cabría preguntarnos por qué dejamos de serlo.

La respuesta de Alberto Baldoví Herrera puede ser un síntoma, una causa inmediata, pero de motivos más profundos; «nuestra generación se ha convertido en una generación política», dice Baldoví. Sin embargo, la inquietud de esa época era también netamente política.

Con todo, las formas que adoptó esa inquietud de antaño difieren de las actuales.

Nos considerábamos una generación frustrada. Frustrada por la ineptitud de la generación anterior para haber puesto a Colombia en cauces de un auténtico desarrollo integral.

Ante la imposibilidad moral de colaborar con la dictadura, nos sentíamos desprovistos de responsabilidades próximas en la dirección del país y entonces mirábamos a largo plazo.

Era curioso anotar la semejanza de actitudes entre los jóvenes colombianos que estaban en el exterior, por esa misma época y los que residían en el país. La lejanía de las responsabilidades inmediatas nos daba a todos una orientación más global, más de conjunto, en la solución de los problemas nacionales.

Al terminar la dictadura, se abrieron posibilidades inmediatas. La generación del Medio Siglo comienza a tomar el relevo en los puestos directivos. Las necesidades de promoción individual inmediata sofocan nuestras inquietudes globales a largo plazo.

Los directorios de los partidos se reestructuran. Las campañas electorales renacen. El botín burocrático vuelve a presentarse como un fruto de fácil acceso para la generación del Medio Siglo.

Cabe ahora hacer un alto y un examen de conciencia. Hasta dónde el aprovechamiento de las oportunidades inmediatas ha sido hecho dentro de un plan de conjunto, generoso para el país y a largo plazo, o hasta dónde ha sido la manifestación de un oportunismo egoísta.

Si las responsabilidades que hemos asumido responden a ese plan de conjunto, racional y técnico, sobre el país, la reestructuración de la generación del Medio Siglo, como generación de cambio para Colombia, puede propiciarse y se realizará fácilmente.

Si ha habido oportunismo mezquino, nuestra generación seguirá desintegrada y pasará a la historia como otra más que reaccionó en un momento en que no estuvo satisfecha pero que, cuando recibió un mendrugo de las estructuras, como un perro, dejó de ladrar y se acostó tranquila.

Quizás las personas y las actitudes de cada una de ellas tengan una mezcla de estas dos reacciones.

Sería interesante continuar la reflexión de Alberto Baldoví Herrera para poder reorientar la acción de nuestra generación alrededor de metas concretas a corto y a largo plazo y no tener que oír, de la generación venidera, reproches más amargos y más justificados que los que nosotros formulamos a la que nos precedió.