(Publicada en el Frente Unido del 30 de septiembre de 1965 con el título «Habla el Padre Torres»)
El Cardenal me redujo al estado laical por un decreto en el cual habla de que esta reducción será de acuerdo con un rescripto que viene de Roma y ese rescripto no ha llegado, porque ellos me dijeron que le pedían al Cardenal que dialogara conmigo antes de imponerme la sanción laical y él tampoco atendió esa orden.
Desgraciadamente el Cardenal da la sensación de seguir en la misma tónica: sin explicar ni comprobar por qué estoy en contra de la Iglesia Católica. Parece que obrara bajo los grupos de presión que tienen sometido al país.
Las declaraciones públicas de su Eminencia el Cardenal están en contra de sus declaraciones en privado. Cuando hablé personalmente con el Cardenal vimos que la única fórmula para conservar a salvo su conciencia y la mía era la de que yo pediría la reducción al estado laico. Él me dijo que era una decisión dolorosa para él pero que esperaba que en el momento que yo considerara conveniente, pudiera volver al ejercicio de mi sacerdocio y él me recibiría con los brazos abiertos.