Solo mediante la revolucion puede realizarse el amor al projimo.

(Reportaje de Jean-Pierre Sergent, segunda mitad de 1965.)


Padre Camilo Torres, ¿por qué abandonó usted el ejercicio del sacerdocio?

Camilo: Abandoné el sacerdocio por las mismas razones por las cuales me com¬prometí en él. Descubrí el cristianismo como una vida centrada totalmente en el amor al prójimo; me di cuenta que valía la pena comprometerse en este amor, en esta vida, por lo que escogí el sacerdocio para convertirme en un servidor de la humanidad. Fue después de esto cuando comprendí que en Colombia no se podía realizar este amor simplemente por la be¬neficencia sino que urgía un cambio de estructuras políticas, económicas y sociales que exigían una revolución a la cual dicho amor estaba íntima¬mente ligado. Pero desgraciadamente pese a que mi acción revolucionaria encontraba una respuesta bastante amplia dentro del pueblo, la jerarquía eclesiástica en un momento determinado quiso hacerme callar contra mi conciencia que, por amor a la humanidad, me llevaba a abogar por dicha revolución. Entonces, para evitar todo conflicto con la disciplina eclesiástica solicité que me levantara la sujeción a sus leyes. No obstante, me considero sacerdote hasta la eternidad y entiendo que mi sacerdocio y su ejercicio se cumplen en la realización de la revolución colombiana, en el amor al prójimo y en la lucha por el bienestar de las mayorías.

A qué llama usted revolución?

Camilo: A un cambio fundamental de las estructuras económicas, sociales y polí¬ticas. Considero esencial la toma del poder por la clase popular ya que a partir de ella vienen las realizaciones revolucionarias que deben ser pre-ferencialmente sobre la propiedad de la tierra, la reforma urbana, la pla-nificación integral de la economía, el establecimiento de relaciones inter-nacionales con todos los países del mundo, la nacionalización de todas las fuentes de producción, de la banca, los transportes, los hospitales, los ser¬vicios de salud, así como otras reformas que sean indicadas por la técnica para favorecer las mayorías y no las minorías, como acontece hoy en día.

¿Por qué le parece indispensable la revolución?

Camilo: La revolución es indispensable porque ahora el poder se encuentra en manos de una minoría de más o menos cincuenta familias incapaces de afectar sus intereses por los de la mayoría, lo que significa que esta minoría posee también el control político, el de las elecciones, el de todos los medios y de todos los factores del poder y que al derribarse, se ejecuta lo que considero una revolución: el cambio de la estructura del poder de manos de la oligarquía a manos de la clase popular.

Camilo, usted habla de la toma del poder: ¿ de qué manera cree que puede lograrse?

Camilo: Estoy convencido que es necesario agotar todas las vías pacíficas y que la última palabra sobre el camino que hay que escoger no pertenece a la clase popular, ya que el pueblo, que constituye la mayoría, tiene derecho al poder. Es necesario más bien preguntarle a la oligarquía cómo va a entregarlo; si lo hace de una manera pacífica, nosotros lo tomaremos igual¬mente de una manera pacífica, pero si no piensa entregarlo o lo piensa hacer violentamente nosotros lo tomaremos violentamente.

Mi convicción es la de que el pueblo tiene suficiente justificación para una vía violenta.

Usted dice que la toma del poder será violenta o pacífica, es decir, determinada por la posición de la burguesía. ¿No cree usted que habrá problemas no solamente con esta burguesía sino con otras burguesías fo-ráneas?

Camilo: Indudablemente habrá problemas sobre todo con los Estados Unidos, puesto que nuestra burguesía está estrechamente ligada con sus intereses aquí y de la misma manera como ellos han invadido la República Domi¬nicana invadirán no solamente países en donde haya gobiernos comunistas sino, como ellos lo han manifestado, en donde se establezcan regímenes que atenten contra sus intereses.

En el caso de Colombia y de toda la América Latina -porque yo creo que la lucha va a ser conjunta- los enemigos de nuestros enemigos serán nuestros amigos. Pero cuando el pueblo se decida a luchar hasta el fin no habrá ninguna potencia que pueda ser superior a la potencia de ese pueblo que quiere su libertad.

Dice usted, Camilo Torres, que los enemigos de sus enemigos Serán SUS amigos. ¿Quiénes son sus amigos?

Camilo: Nuestros amigos serán los enemigos de los Estados Unidos porque en caso de una guerra contra nuestra oligarquía y la influencia extranjera, la norteamericana que predomina será nuestra enemiga por lo que nosotros seremos amigos de los enemigos de los Estados Unidos.

¿Cuándo cree usted que la revolución a escala nacional se produzca?

Camilo: Nuestra oligarquía es poderosa, lo que quiere decir que la lucha será prolongada.

En Colombia se ha criticado mucho su actitud a propósito del problema de la toma del poder. ¿No teme usted estar en contradicción con ¡a doctrina de la Iglesia?

Camilo: La Iglesia muchas veces ha expresado su doctrina con relación a la guerra justa y a la guerra contra la tiranía y entiendo que hay condiciones en ella en las que, primero, se permite agotar todas las vías pacificas; segun¬do, prever un resultado satisfactorio y, tercero, poder prever asimismo que las consecuencias de dicha revolución violenta no serán peores que la situación actual. Y eso podría suceder en el caso nuestro si se reconoce que ahora hay niños que mueren de hambre diariamente, pequeñas niñas de diez años comprometidas en la prostitución, que existe una violencia en todo el país en la que han muerto 300 mil colombianos y que hay crimi¬nales que no son más que el resultado de las estructuras vigentes. Así pues estoy seguro que las consecuencias de la revolución son justas y están en regla con la doctrina de la Iglesia.

¿Aceptaría usted una lucha con junta con el Partido Comunista Colombiano?

Camilo: Yo podría verdaderamente colaborar con los comunistas en Colombia porque creo que entre ellos hay elementos auténticamente revolucionarios y porque en cuanto son científicos tienen puntos que coinciden con la labor que yo me propongo. Y como nosotros lanzamos la consigna de que seríamos amigos de todos los revolucionarios y enemigos de todos los con-trarrevolucionarios, nosotros somos amigos de los comunistas e iremos con ellos hasta la toma del poder, sin descartar la posibilidad de que después habrá discusiones sobre problemas filosóficos. Pero lo que importa por el momento son las cuestiones prácticas en las que ya estamos de acuerdo.

Su programa revolucionario es bastante socialista. ¿Es usted marxista?
Camilo: El hecho de ser marxista es algo complejo. Yo creo que ellos tienen algunas soluciones y algunos puntos de vista que están exactamente en el dominio de la técnica económica, sociológica y política y entonces, si sus puntos de vista son científicos -como son los míos con respecto a la rea¬lidad colombiana- habrá coincidencia en estos dominios que, aunque yo no sea marxista, puedo conciliar. Soluciones que en una palabra no son más que científicas.