Conferencia Universidad Nacional

(confererecia sobre la importancia de la revolucion y la unidad.organizada por la Federacion Universitaria Nacional el día 22 de Mayo de 1965 en la Universidad Nacional de Colombia.)


HOMENAJE NACIONAL

I. IMPORTANCIA DE LA REVOLUCIÓN Y NO DE LA PERSONA

Condiciones de Colombia (Clase dirigente, represión, estado de sitio)
Vulnerabilidad
Falibilidad (Jorge Enrique Useche)
Transitoriedad


II. LA UNIÓN REVOLUCIONARIA

Necesidad de la unión por encima de las ideologías
Necesidad de la unión por encima de los grupos
Necesidad de la unión por encima de las personas
Liderazgo estudiantil y profesional


III. CONDICIONES DE LA UNIÓN

Objetivos nacionales
Entrega total hasta las últimas consecuencias
Rompimiento con la limitación de nuestro sistema de vida burgués

CON LA ALEGRIA DE DAR

Integración con las masas: ellas nos exigirán, ellas nos enseñarán.
Organización de las masas: todos los medios son utilizables.
Importancia de la conciencia, actividad y organización.
Decreto de guerra a muerte revolucionario.


IV. FUTURO

Motivos de mi partida (más idiota, más útil - porque elegí el sacerdocio, amor al prójimo, más amor al prójimo)
Ventajas y desventajas. Volveré dentro de 6 meses
Importancia del movimiento de unión
La suerte la decidirá la relación de fuerzas
Hoy cómo son
Tácticas inmediatas

Compañeros

Agradezco profundamente el homenaje que me ofrece hoy la Federación Universitaria Nacional y deseo que la profunda emoción que me produce esta manifestación inmerecida a mi persona, digo inmerecida no por falsa humildad sino por un sincero reconocimiento de mis limitaciones, que esta emoción no impida dar un alcance teórico y científico a este homenaje que se hace hoy extensivo, lamentablemente, a Jorge Enrique Useche, nuestro compañero desaparecido.

Sería lastimoso que este homenaje se limitara a las personas. La muerte de Jorge Enrique Useche y mi leve destierroson únicamente episodios en una lucha mayor del pueblo colombiano. En estos momentos no podemos detenernos en episodios.

Cuando la clase dirigente, a pesar de seguir detentando el poder con todos sus factores, se ha demostrado incapaz para manejar el país. Cuando estamos abocados a una grave crisis económica. Cuando, ante su propia incapacidad, esta misma clase tiene que recurrir a la represión contra todo el que propicie un cambio. Cuando se ha tenido que llegar en esa vía hasta declarar el estado de sitio Cuando ha caído, víctima de la violencia, uno de nuestros compañeros, no podemos detenernos en las per¬sonas sino que debemos pensar en la necesidad, para Colombia, de la realización de una auténtica revolución.

La palabra "revolución" ha sido desgraciadamente prostituida por nos¬otros, los que pretendemos ser revolucionarios. Se ha utilizado con ligereza, como una afición, sin un verdadero respeto y sin verdadera profundidad. Si este homenaje sirviera más que para hacer resaltar a hechos y a personas, para lograr que hoy plasmáramos la unidad alrededor del ideal revolu¬cionario, yo personalmente creo que todos nosotros nos consideraríamos profundamente satisfechos.


LA UNIÓN REVOLUCIONARIA

Tenemos nosotros que lograr la unión revolucionaria por encima de las ideologías que nos separan. Los colombianos hemos sido muy dados a las discusiones filosóficas y a las divergencias especulativas. Nos perdemos en discusiones que, aunque del punto de vista teórico son muy valiosas, en las condiciones actuales del país, resultan completamente bizantinas. Como recordarán algunos de los amigos aquí presentes con quienes trabajamos en la acción comunal universitaria de Tunjuelito, cuando se nos tachaba de que colaborábamos con comunistas, yo les contestaba a nuestros acu¬sadores que era absurdo pensar que comunistas y cristianos no pudieran trabajar juntos por el bien de la humanidad y que nosotros nos ponemos a discutir sobre si el alma es mortal o inmortal y dejamos sin resolver un punto en que si estamos todos de acuerdo y es que la miseria sí es mortal. Eso nos ha pasado en nuestra orientación revolucionaria. Hay puntos elementales indicados por la técnica social y económica que no tienen implicaciones filosóficas sobre los cuales, los que buscamos una auténtica renovación del país, podemos ponemos de acuerdo, prescindiendo de las diferentes ideologías, no en nuestra vida personal, pero sí en nuestra lucha revolucionaria inmediata. Los problemas ideológicos los resolveremos des¬pués de que triunfe la revolución.

Necesitamos la unión por encima de los grupos. Es lastimoso el espec¬táculo que da la izquierda colombiana. Mientras la clase dirigente se unifica, mientras la minoría que tiene todos los poderes en su mano logra superar las diferencias filosóficas y políticas para defender sus intereses, la clase popular que no cuenta sino con la superioridad numérica es pul¬verizada por los dirigentes de los diferentes grupos progresistas que, muchas veces, ponen más énfasis en las peleas que tienen entre sí que en su lucha contra la clase dirigente. La línea soviética del partido comunista ataca más a la línea china, la línea blanda del MRL a la línea dura, el MOEC al FUAR de lo que cada uno de esos grupos ataca a la oligarquía.

Es necesario que asumamos una actitud rotundamente positiva ante todos los grupos revolucionarios. Es absurdo ser anticomunista, porque en el comunismo nosotros encontramos elementos auténticamente revolu¬cionarios, como es absurdo estar contra el MRL, contra lo que tenga de revolucionario la Democracia Cristiana, o contra Vanguardia del MRL, o contra el MOEC, o contra Vanguardia Nacionalista Popular, Juventu¬des del MRL o cualquier otro grupo que tenga algo de revolucionario. De la misma manera que el Libertador Simón Bolívar promulgó su de¬creto de guerra a muerteen la lucha emancipadora, nosotros debemos promulgar hoy también un decreto de guerra a muerte, aceptando todo lo que sea revolucionado, venga de donde viniere y combatiendo todo lo que sea antirrevolucionario, venga también de donde viniere.

La unión debe hacerse por encima de las ambiciones personales. Es necesario que los jefes sepan que no podrán llegar a servir lealmente a la revolución si no es mediante un sacrificio personal, por ese ideal, hasta las últimas consecuencias. Dentro de los universitarios y los profesionales se encuentran casos de idealismo auténtico, sin embargo, muchas veces, se utiliza la revolución como un escalón para ascender socialmente y no como un fin de servicio al país y a la humanidad.

En un país subdesarrollado en donde menos del 2% de la población. como es el caso de Colombia, son profesionales y estudiantes universitarios, nosotros constituimos un grupo privilegiado. Estos últimos tienen asegu¬rado su ascenso social durante los años de estudio sin tener que pagar la cuota de conformismo que se impone al resto de los miembros de nuestra sociedad para ascender. Esto, por lo menos, en las universidades en donde no se ha establecido el delito de opinión y en donde los inconformes no son expulsados por lo que piensan o por lo que defienden. Como grupo privilegiado, nosotros debemos restituir al pueblo colombiano los esfuerzos que ha hecho para que podamos ser una élite cultural. Los universitarios de los países subdesarrollados tienen un papel político irremplazable y se encuentran diariamente ante el drama de lograr una formación técnica indispensable para consolidar la revolución y la necesidad de intervenir en el proceso de cambio, descuidando muchas veces sus tareas diarias de formación y aprendizaje. Somos un grupo insustituible del cual esperan mucho las mayorías de nuestro país. Desgraciadamente hemos traiciona¬do muchas veces los intereses de la revolución colombiana al servicio de nuestros mezquinos intereses personales. Mientras no haya un grupo de es-tudiantes y profesionales resueltos a sufrir todas las consecuencias de la represión que les impondrá un sistema que está organizado contra los que quieren cambiar el estado de cosas en Colombia, no habrá en nuestro país un verdadero liderazgo revolucionario.


CONDICIONES DE LA UNIÓN

Necesitamos algunas condiciones indispensables para realizar la unión. La revolución es un ideal que debe fijarse de una manera muy determinada y precisa. No podemos unimos a base de ilusiones vagas. Ante todo ne¬cesitamos objetivos nacionales que encaucen nuestras energías y las ener¬gías de todo el pueblo colombiano. Con grupos de jóvenes, universitarios de todo el país, pertenecientes a movimientos revolucionarios o indepen¬dientemente de estos, hemos venido elaborando y planteando una plata¬forma que resume los objetivos a largo plazo de una acción revolucionaria...

No basta la decisión íntima de entregarse hasta las últimas consecuencias.

La revolución es una tarea demasiado ardua para que las simples in¬tenciones basten para realizarla. De lo contrario sería inconcebible que no se hubiere llevado a efecto dado el descontento general que existe en el país.

El inconformismo de los universitarios es algo evidente. Sin embargo, después de los primeros años de estudio pasa la euforia revolucionaria. Al terminar la carrera se comienzan a buscar los vínculos con las estruc¬turas vigentes. Sería mal visto por los futuros socios, empleadores, patronos y palancas que el nuevo profesional tuviera el mote de "comunista", adje¬tivo que emplea la clase dirigente para descalificar a los inconformes.

Al terminar la carrera el inconformismo decae totalmente, salvo algunas pocas excepciones. Después, los que fueron más aguerridos revolucionarios durante los estudios, en muchas ocasiones, comienzan a hacerse perdonar de las oligarquías sus devaneos juveniles. Por eso, frecuentemente los es¬tudiantes más revoltosos se convierten en los profesionales que defienden con más ahínco los privilegios, los símbolos de prestigio y aun las formas exteriores de vida de las clases dirigentes.

En el apego a esos símbolos de prestigio creo yo que en gran parte está la trampa para caer en el aburguesamiento. La sociedad nuestra es una sociedad burguesa. Los estudiantes participan subconscientemente de los valores de esta sociedad, aunque conscientemente los repudien. Una forma de repudio exterior de esos valores se manifiesta en los vestidos pobres y raros, en la barba y en las costumbres antitradicionales de muchos uni¬versitarios. Sin embargo, la imagen de lo que debe ser un profesional sigue siendo una imagen burguesa. El profesional, el doctor debe estar bien vestido, vivir en una casa o un departamento más o menos bien amue¬blado, tener automóvil, y vivir en un barrio residencial; tener oficina con máquinas, sala de espera y secretaria. Y como todo esto cuesta dinero, es necesaria una remuneración "adecuada" al nivel profesional. Desgraciada¬mente, las remuneraciones "adecuadas" las controla la oligarquía y en¬tonces hay que venderse, hay que renunciar al inconformismo.

Mientras no seamos capaces de abandonar nuestro sistema de vida bur¬gués no podremos ser revolucionarios. El inconformismo cuesta y cuesta caro. Cuesta descenso en el nivel de vida, cuesta destituciones de los em¬pleos, cambiar y descender de ocupación, cambiar de barrio y de vestido. Puede ser que implique el paso a una actividad puramente manual. El paso de la ciudad al campo o al monte. El arquitecto inconformista debe estar dispuesto a trabajar como albañil, si ese es cl precio que le exige la estructura vigente para subsistir sin traicionarse.

Desgraciadamente, a esto no estamos decididos y buscamos en el sub-consciente una especie de componenda en la cual podamos decir que lucha-mos contra el sistema y usufructuamos al mismo tiempo de él. En el mejor de los casos nos convertimos en revolucionarios de cafés, sitios en donde podemos hablar sin comprometernos. Creo yo que esta es la íntima expli¬cación de que los universitarios y aún más, los profesionales. nunca logren una colaboración eficaz con la revolución.

Convenzámonos que, como dice el Evangelio "hay más alegría en dar que en recibir". Al sacrificar todos esos impedimentos burgueses seremos mucho más felices, más libres, más auténticos con nosotros mismos. Esta¬remos dispuestos a afrontarlo todo. Hasta ahora no parece que el pueblo haya reconocido en los jefes esa entrega. El pueblo tiene suficiente olfato como para descubrir quien lo busca para servirlo o para utilizarlo...

Sin embargo, para eso, es necesario que comencemos ya. Que nos mez¬clemos con las masas, que vivamos, no solamente para los pobres, sino con los pobres y como pobres. La integración con las masas es un elemento esencial a la revolución y a la unión. Estas no son patrimonio nuestro sino de los obreros y campesinos de Colombia. Ellos serán los que nos traigan la pauta, los que nos exijan, los que impongan la unión por encima de gru¬pos y de personalismos caudillistas. Para los que conocen íntimamente a nuestra gente la frase de Gaitán de que "en Colombia el pueblo es supe¬rior a sus dirigentes" no es una frase demagógica sino absolutamente real. Yo creo que solamente la dinámica de los hechos impondrá la unión y estos hechos los tendrá que realizar la masa.

Nadie puede ser verdaderamente revolucionario si no confía en los valores del pueblo. Es lo único que nos puede librar del paternalismo prác¬tico de que adolecen aun nuestros dirigentes de izquierda.

Debemos saber que cuando vamos a la base de nuestro pueblo es mucho más para aprender que para enseñar. Puede ser que esa base tenga más dificultad para comunicar sus valores. En esa comunicación nosotros de¬bemos esforzarnos para poder aprovechar lo que nos enseñe el pueblo. En él existen necesidades comunes, sufrimientos comunes, aspiraciones comunes. Por eso será, en última instancia, el pueblo el que nos enseñará cómo de¬bemos realizar la unión.

Los universitarios e intelectuales tenemos sin embargo algo que aportar a esas masas. No como jefes, sino como colaboradores, debemos dar una conciencia nacional que unifique el inconformismo de nuestras clases po¬pulares. Además de conciencia común, nosotros podemos estimular los va¬lores que existen en nuestro pueblo siempre y cuando, como lo dije antes, confiemos en él. Nuestras gentes han vivido en condiciones de inferioridad, han sido frustradas muchas veces por las circunstancias, por los líderes y por el sistema. Son fatalistas y desconfían del resultado de su acción indi¬vidual o colectiva. Nosotros debemos reconstruir la confianza que el pueblo debe tener en sí mismo. Debemos ayudarlo a que encuentre seguridad en la acción, por pequeños triunfos de acción colectiva al principio que, poco a poco, se convertirán en acciones cada vez de mayor trascendencia. Así, nuestro pueblo adquirirá una actitud activa ante sus propios proble¬mas, condición indispensable para poderlos resolver por sí mismo.

Con todo, la conciencia y la actividad no bastan para realizar una revolución. La actividad anárquica puede resultar estéril y, por lo tanto, fuente de nuevas frustraciones. Se necesita la organización, organización que supone planificación, liderazgo, coordinación, control. La conciencia, actividad y organización que nosotros debemos promover en la clase po¬pular nos exigen tener unidad de conciencia, unidad de actividad y uni¬dad de organización entre nosotros mismos. Las rencillas de grupos y los personalismos desconciertan a esa masa. Este desconcierto que esteriliza la lucha debe ser para nosotros el más poderoso acicate para buscar la unión y no traicionar a nuestro pueblo y a nuestra misión histórica.