Camilo Torres Restrepo. La izquierda y el Frente Unido

Este ensayo busca acercarse desde una hermenéutica política al pensamiento de Camilo con el propósito de re-significar históricamente el sentido presente y vivo de sus ideas en el marco de las necesidades de un contexto histórico sustancialmente distinto al que vivió y lucho Camilo Torres Restrepo en torno a dos ejes de reflexión: La izquierda y el Frente Unido.


Para hacerlo comienza por establece una diferencia conceptual y practica entre el pensamiento de Camilo y el Camilismo, que resulta a todas luces necesarias parta salvaguardar el legado de Camilo de toda lectura sectaria y dogmatica, que le atribuya al mismo una ortodoxia de la que carece en su totalidad.

Cada vez se hace más necesaria una lectura juiciosa de los escritos, entrevistas,  documentos y en general de la herencia documental que da razón por las ideas sociológicas,  políticas  e históricas de Camilo Torres Restrepo, con el propósito de encontrar allí claves que expliquen y orienten la práctica política actual desde una perspectiva que se reviste de la especificidad de nuestra historia y de las posibilidades que la misma ofrece para la produccion intelectual de una guía política e ideología que nutriéndose de las ideas de Camilo, puedan dar origen a un autentico pensamiento y practica Camilista que responda creativamente a los retos que le imponen al proceso transformador las dinámicas de cada momento histórico y político.

En el camino de la conmemoración de los cincuenta años de su desaparición física, su presencia como pensamiento vivo se reviste de importancia en la medida que sus ideas sean soporte de desarrollos interpretativos que contribuyan a construir rutas de movilización social  y política en el actual momento de la historia del país, el que se expresa en un conjunto de complejidades que demandan de una izquierda subvertida cargada de importantes e innovadora reflexiones y propuestas de organización, unidad y movilización democrática.

El pensamiento de Camilo y el Camilismo.

La obra escrita de Camilo Torres Restrepo no es muy extensa, se reduce esencialmente a sus estudios e investigaciones sociológicas, la produccion de sus opiniones políticas y a los mensajes que dejo a la sociedad colombiana una vez se produjo su incorporación a la guerrilla. No obstante se encuentra en ella un conjunto de ideas fuerza que se quedaron esbozadas y que constituyen en lo esencial el pensamiento de Camilo, su forma de ver y leer el momento histórico y político que le correspondió vivir.

Estas ideas están a la espera que una corriente de pensadores críticos y de intelectuales comprometidos,  les den el desarrollo que deben alcanzar para responder adecuadamente a los requerimientos políticos e ideológicos de la era de la globalización y el desarrollo del capitalismo neoliberal. Ese ejercicio acompañado de una práctica política transformadora es en lo esencial lo que constituye el Camilismo.

Dos ejemplos del desarrollo del pensamiento de Camilo, hecho Camilismo,  lo fundan los trabajos intelectuales y el compromiso político de Orlando Fals Borda y Eduardo Umaña Luna, en relación con el concepto de lo popular como fuerza liberadora y compromiso transformador, en la propuesta de la investigación acción participativa (IAP) y el desarrollo de la investigación critico-social y el Humanismo como fundamento de la practica trasformadora y revolucionaria; pero no son los únicos  otros casos relevantes como los de padre Javier Giraldo, en la relación entre religión y compromiso o, los de Germán Zavala(padre), Raúl Ahumada, Francisco Trujillo, Leonor Becerra, Tila Uribe… en educación popular, entre otros que siguen el camino de recrear y re significar el pensamiento de Camilo para hacer notar su vigencia en una época transformada históricamente, que contiene aun los problemas estructurales de la nación contra los cuales lucho Camilo.

Existe un grupo de voceadores del pensamiento de Camilo que se atribuyen sin contenido ni practica renovadora, sin ningún tipo de aporte significativo a los contextos en que desarrollan sus vidas,  el mote de camilistas, en una militancia mas nominal que dialéctica, más dogmatica que unitaria. Como también existe un grupo de seguidores de Camilo que encarnan el sentido de su pensamiento político y unitario y trabajan en silencio en los procesos de educación popular, organización, movilización y lucha política desde una practica social que revisten de amor eficaz.

Es necesario nutrirse de la multidimensionalidad que se le ha dado a Camilo, en lo que es esencial de su obra y de su vida como ser humano, sacerdote, sociólogo y político, de su producción académica, su trabajo social y comunitario y su compromiso político. Hacerlo   de manera hermenéutica y heurística, esto es,  revistiendo sus ideas de nuevos significados en el que los textos se expliquen desde nuevos contextos y de manera creativa.

La sociedad de Camilo ya no esta en el Frente Nacional, el país se ha transformado de manera significativa, se ha modernizado y desarrollado económicamente en un universo de inequidades y desigualdades  abrumadoras que hay que confrontar;  se han producido aperturas políticas que posibilitan, con las limitaciones que se quieran atribuirle, los escenarios de participación que fueron clausurados por ese régimen de transición, unidos a vigorosas e innovadoras formas de movilización social de nuevos actores y nuevas ciudadanías que han adquirido identidad, se reconocen en su derechos y se movilizan por sus agendas reivindicativas;  claro, desde luego que también han surgido nuevas y sofisticadas formas de estigmatización, persecución y represión que deben ser confrontadas con inteligencia y movilización social, con decisión y solidaridad.

Lo peor que nos podría pasar, es lo que esta pasando, que una generación de jóvenes que se acerca a las ideas de Camilo y que debían llenarlas de los contenidos de su época y de las necesidades de su lucha, se hayan convertido en grupos beatificados y dogmaticos que detrás del discurso de la unida y el amor eficaz construyen sus odios y sus resentimientos contra otras formas de organización política y maneras de ver el mundo. No desconozco sus entusiasmos y sus vitalidades las que constituyen fortalezas y acumulados esenciales para emprender el transito que las nuevas generaciones deben hacer de su tiempo hacia un tiempo mejor; pero deben subvertir sus obediencias para abandonar su condición temporal de lideres y convertirse en auténticos dirigentes políticos. Quisiera encontrar la fuerza en las palabras para que se hicieran entendimiento en las subversivas mentalidades juveniles en el propósito de que entiendan que la primera, vital y única revolución posible es la que puedan hacer en el territorio de sus individualidades en el camino de contribuir de la manera más inteligente y comprometida con las transformaciones, reformistas y estructurales,  que se requieren en el país para el beneficio de los más humildes y necesitados. No se trata de renunciar a la utopía, sino de construirla en el día a día desde la objetividad de nuestras propias posibilidades y en el marco de una acumulación estratégica de unida para el  bienestar y el buen vivir.  

El camilismo esta necesitado de militancias creativas que ayuden a fortalecer el pensamiento de Camilo reinventándolo en su contenido histórico para que responda desde su esencia a las urgencias del tiempo presente. Eso fue lo que hizo en su momento Fals Borda al construir una herramienta metodológica para colocarla al servicio de los procesos de comprensión y transformación de nuestras realidades; de igual forma se comporto el maestro Umaña Luna al explorar el sentido de lo humano y el humanismo de Camilo como una manera transcendente de existir en lo social y en lo histórico. Pero resulta necesario y urgente retroalimentar el sentido de las ideas de Camilo, hacer nuevas y vigorosas lecturas en contextos explicativos más complejos, se requiere de un pensamiento que es capaz de moverse en el universo de retos que nos pone al frente la globalización y el capitalismo neoliberal, las lógicas del capitalismo de Estado y las nuevas y complejas realidades de las democracias alternativas de América Latina.

No sé que tanto se ha engordado cada idea de Camilo para dar origen al camilismo, no sé cuantas lecturas hermenéuticas y creativas se han hecho de sus mensajes, para mantenerlos vigentes y hacerlos fluir en los imaginarios de las clases populares. No sé que trabajo de fundamentación epistemológica se ha hecho del paquetico de categorías esenciales con los que Camilo construyó su forma de ver y comprometerse con el mundo de su época, lo que si sé es que es muy poco lo que se ha avanzado en materia de unir, organizar y movilizar a las clases populares y aun menos de hacer del amor eficaz el fundamento de la unida social y política del pensamiento critico y  la practica alternativa que construye los cambios, esto es en el camino de hacer efectiva la vocación de poder que atraviesa todo el pensamiento de Camilo y que lo llevo a los mayores compromisos y sacrificios.

El amor eficaz      

A veces resulta oportuno preguntarse por aquello que  a fuerza de costumbre y repetición,   creemos saber pero que no logramos elaborar como pensamiento llenándolo de atributos diferenciadores y de sentidos y significados explícitos que constituyan fundamento de identidad conceptual y teórica desde la cual se construye una practica transformadora y  pertinente. Ese es el caso del enunciado de amor eficaz.

El concepto de amor eficaz corresponde en la vida de Camilo a un momento esencial de sus contradicciones personales e institucionales, hace parte de sus trasformaciones políticas y de sus procesos de re-conceptualización del  universo de sentido y de prácticas en las que estaba inmerso. La construcción del concepto, por parte de Camilo, lo que enseña es que es en esa denominación de su compromiso donde se produce, su única y fundamental revolución, su ruptura con un orden de dominación y de sentido en el cual se había formado, hacia parte y del cual se debía “desprender”  en su condición de sacerdote, para asumirse en su condición de dirigente político.

El amor eficaz marca el paso del sacerdocio a la militancia política, del compromiso religioso, al compromiso social y político, de las ataduras institucionales y el sometimiento al ejercicio de la libertad y la asunción de una practica humanística que esta más allá de todas las valoraciones morales de la institución de la iglesia católica en una responsabilidad ineludible asumida por voluntad propia de unirse a las clases populares y  luchar con ellas por los cambios estructurales del país.

El amor eficaz es la forma política que adquiere el amor al prójimo en el discurso y la practica liberadora de Camilo, constituye el fundamento de su revolución personal, es el paso de la solución de la necesidad por la vía de la caridad a el compromiso político y solidario para reivindicar la necesidad como agenda de lucha transformadora, subversiva y revolucionaria. De ahí que el enunciado se llene de sentido en el principio primero de los cambios que deben emprenderse, el de nuestros propios imaginarios y compromisos de vida. La revolución aconteció en Camilo antes de ser militante en el paso irreversible del amor al prójimo, que es un amor de la moral cristiana al amor eficaz que es un amor construido desde un proyecto ético político de vida.

Pero en concreto ¿que es el amor eficaz?...  distintas explicaciones pueden darse al contenido ético y político del termino. Cada uno debe llenarlo de consideraciones de significado, sentido y practica que puede verse reflejado en el espejo del ejemplo de compromiso de vida  de Camilo.

Quiero pensar, que cuando hablamos de amor eficaz estamos haciendo referencia a un proceso de transformaciones que se están produciendo en nosotros que nos conducen a definir las formas y los alcances de nuestro compromiso con el interés general del bienestar de la sociedad con énfasis en la defensa de los intereses y derechos de los más humildes y desprotegidos. Que es la primera revolución en las que nos hemos de ver envueltos y desarrollar hasta alcanzar la formulación de nuestro proyecto ético y político como dispositivo de vida. Pero que lo que hemos de hacer, debe estar lejos de todo romanticismo ramplón capaz de llevarnos a sacrificios innecesarios e inútiles. El mundo de hoy necesita más dirigentes honestos proyectándose en los escenarios de la política disputando a las elites tradicionales los lugares que ocupan en el ejercicio del poder político, que mártires que recordar.

El amor eficaz constituye un dispositivo de compromiso con nosotros mismos, con nuestro bienestar y desarrollo, con la necesidad diaria de ser mejores para podernos dar mejor a los demás. Es el camino  en que se estructura un conjunto de principios  que definen una práctica política consecuente que se realiza por convicción y necesidad propia y que no se inscribe en obligaciones impuestas y en compromisos heredados. El amor eficaz al primero que convoca es a nuestro compromiso, a nuestro esfuerzo,  a nuestra capacidad cualificada de trabajo, al ejercicio de nuestras disciplinas de estudio, al mejoramiento significativo y demostrado de nuestras responsabilidades personales y sociales. Nos convoca a ser mejores, más íntegros, más humanos.

El amor eficaz nos convoca, como Camilo, a ubicarnos como sujetos sociales, a entendernos en el contexto social en el que se determinan nuestras posibilidades y limitaciones, a vernos en relación con los demás, a ubicar nuestra propia agenda de necesidades de vida,  porque no somos dioses carentes de toda necesidad y no podemos ser carga para nadie. Hacemos parte de un grupo social y ese grupo social comparte con nosotros sus preocupaciones de vida, sus incertidumbres y angustias. En concretó hacemos parte de un grupo social, de un sector o de una clase que se identifica en relación con sus posibilidades de vida digna y con particulares expectativas de futuro.

El amor eficaz también nos convoca, como a Camilo,  a ubicarnos como sujetos de derecho que debemos reconocer y exigir. La lucha por el derecho a la vida, la vivienda, la alimentación, los servicios públicos, la salud, la educación, el trabajo, la cultura, el medio ambiente, el agua,  la diversidad, la participación, la justicia,  la recreación…no es la lucha de los demás, es nuestra propia lucha,  que debemos hacer efectiva en unida de propósito con los demás. No somos cruzados reivindicando en la lucha contra el establecimiento los derechos de los otros, no estamos en el ejercicio colectivo de hacer efectivos nuestros derechos que son iguales a los de los otros. Somos ciudadanos reivindicando colectivamente nuestros propios derechos. Somos seres humanos demandando el ejercicio pleno de nuestros derechos. El altruismo se da cuando vivimos fuera de la necesidad y nosotros no estamos en ese lugar, por eso nuestra lucha no es altruista, se fundamenta en nuestras propias necesidades, es el ejercicio del compromiso con nosotros mismos en cuanto que nosotros mismos somos la comunidad, somos en su conjunto la sociedad real.

El amor eficaz también nos convoca, como a Camilo, a desempeñarnos como sujetos políticos, entendiendo la política en la más elemental y amplia de las acepciones: el conjunto de ideas y acciones a través de las cuales buscamos acceder al ejercicio del poder político para hacer efectiva la construcción del bien común en el camino de la utopía de la felicidad humana. Es en la lucha política en donde se definen nuestra condición social y se garantiza el ejercicio de nuestros derechos;  de ahí, la naturaleza política del amor eficaz en la asignación que da Camilo al termino en el universo de sus definiciones y decisiones personales.

Digamos que el amor eficaz se construye como un proyecto ético y político que define como propósito esencial la transformación permanente de la naturaleza humana del lado de la construcción del bienestar general de la sociedad, en una experiencia de vida que se desarrolla y consolida a través de un compromiso transformador de nuestra existencia personal y social.                                  

1.      Sobre la izquierda, los lideres y los dirigentes.

Sería equivocado afirmar que hoy la izquierda colombiana atraviesa por una profunda crisis, porque eso equivaldría afirmar que hubo algún momento en que no lo estuvo y la realidad de la historia de nuestra izquierda en que nació en un escenario de crisis del que no ha podido salir nunca. Podría explorarse las ideas de izquierda y los esfuerzos de organización a los largo de más de un siglo y nos encontraríamos que el crecimiento ha sido precario y no ha representado más del diez por ciento de la totalidad de las adscripciones políticas en el país en los proceso de mayor unida y ha desperdiciado de manera irresponsable momentos históricos y políticos fundamentales para la acumulación de fuerzas y simpatías en mezquinas, sectarias y dogmaticas peleas, lo que ya es grave, pero, adicionalmente,  en la reproducción de los vicios y prácticas de los partidos tradicionales.

Lo anterior no quiere decir que la izquierda con todas sus carencias, debilidades y vicios, no haya jugado un papel fundamental en la lucha política y social país y que no haya pagado un elevado costo en vidas, en una sociedad intolerante, antidemocrática y sectaria en la que en la lucha política se elevo al adversario a la categoría de enemigo y se le condeno a la cárcel, el exilio o la muerte. Total quiero dejar por fuera de toda duda el hecho de que la izquierda colombiana y en general la de América Latina ha sufrido en condiciones de extrema violencia, la estigmatización, el señalamiento, la persecución y el aniquilamiento sistemático por parte de las clases dominantes, la institucionalidad, el paramilitarismo y el crimen organizado.

Camilo hace parte de esa tragedia y de esa ruta de exterminio a la que fue sometida la izquierda colombiana, el pensamiento crítico, el compromiso político democrático con los cambios sociales y estructurales que requiere la nación en todos los aspectos que competen a la vida de los colombianos y, es por eso que los textos de Camilo se explican en un contexto específicos de las dinámicas particulares del conflicto económico, social, político, religioso y militar del país a comienzos de la segunda mitad del siglo XX, momento en el que se están produciendo los cambios estructurales que posibilitaran la consolidación de un modelo capitalista dependiente.

Si bien las explicaciones que damos a un momento determinado son pertinentes para el mismo, estas no se quedan atrapadas en el tiempo, sino, que pueden adquirir vida propia, transcender y servir al conocimiento y interpretación y transformación de la sociedad en otros momentos históricos siempre y cuando logren transformarse en pensamiento político y adquieran la forma explicativa de cada momento, esto es se renueven en su intencionalidad de sentido y se carguen de nuevos significados, sin que por ello pierdan su esencia y autoría.

Los esfuerzos realizados por Camilo en los procesos de relacionamiento con la izquierda están dirigidos en lo esencial a modificar la cultura política de líderes, activistas y dirigentes políticos que está profundamente cooptada por imaginarios y prácticas propias de las agrupaciones de derecha de las que tomaron las actitudes sectarias y el dogmatismo, alimentado por las clientelas, el caudillismo, el cacicazgo y la corrupción. Por eso no es raro que Camilo considere que “la afiliación por programas a las diferentes corrientes políticas es una costumbre mucho menos frecuente que el apoyo a los caudillos y que el cambio de agrupación política de una generación a otra, o dentro del transcurso de la vida de una misma persona sean considerados como traición”[1].

El establecimiento de ese modelo de ataduras y de prácticas ya constituye un obstáculo mayor para moverse en un mundo que se modifica a diario y que demanda de un pensamiento político vigoroso y sustentable capaz de resinificarse en cada momento sin abandonar la esencia de su proyecto ético político. Pero el problema de nuestra izquierda y de nuestra cultura política en general es aún más complejo; se hunde en el universo de un modelo de colonialismo ideológico del que no somos capaces de desprendernos. Vivimos buscando las explicaciones de nuestra realidad en modelos interpretativos teóricos que se estructuraron para explicar realidades específicas, distintas a la nuestra, marchamos detrás de las modas pensándonos modernos por habitar un universo en el que vemos engañosamente reflejados nuestros problemas y, hemos renunciado en gran parte a elaborar nuestras propias teorías para explicar, resolver y trasformar el orden de nuestras complejas realidades.

Nuestra cultura política, la que define nuestras acciones,  está atada a la tradición, a la subordinación institucional, a un novedoso modelo de colonialismo  ideológico, que nos lleva y nos trae  según el aliento que le imponen nuestros estados emocionales. Aun la tradición heredada o asumida de nuestras militancias con sus cargas de prácticas dogmaticas y el temperamento caudillista de nuestros dirigentes nos tienen sumergidos en una militancia de recua de mulas. A este respecto, Camilo, ya había percibido la gravedad de nuestras clases dirigentes: “El colonialismo ideológico tradicional en nuestra clase dirigente, se ha prolongado en formas menos obvias hasta nuestros tiempos. Los criterios políticos predominantes…son pues: el sentimental y tradicional, el normativo o especulativo y los que emanan de un colonialismo ideológico”[2].        

No es extraño entonces, que bajo ese modelo de subordinación alienada nosotros hayamos recibido en el ordenamiento de la vida social y política del país toda la carga de dominación que se nos ha impuesto, vivimos en un país construido en un armazón de retazos de política e institucionalidad que otros impusieron y los nuestros construyeron, por eso no nos vemos reflejados en los modelos que habitamos. Pero no es un problema que nos convoque solo a nosotros,  en general,  en los países de América  Latina  hemos recibido las instituciones jurídicas, las instituciones políticas, las instituciones religiosas, las instituciones económicas en sus formas exteriores sin haber asimilado a nuestros valores y patrones de conducta el contenido de estas instituciones, como lo señala Camiloy, eso funciona no solo para la derecha, sino, igualmente para la izquierda.

Mucho antes que la globalización y el neoliberalismo irrumpieran en el mundo con su carga ideológica y política de dominación al servicio de los renovados sistemas de acumulación, Camilo había intuido la instrumentalización de la política por el interés personal y grupal señalando comola competencia partidista se comenzó a concentrar alrededor del botín presupuestal y burocrático, y se agravó por la multiplicación de la suma presupuestal a raíz de las permanentes reformas tributarias y las dinámicas de un creciente y potencial endeudamiento[3]. Si esa ya era una percepción clara en Camilo,en el mundo presente, es aun más sentida pues hoy se busca afanosamente  desideologizar la política y despolitizar las prácticas sociales, en un ejercicio de constreñimiento de la democracia a las lógicas de mercado.

Una pregunta que se debía formular la izquierda es aquella que da respuesta al por qué si su discurso encarna el sueño de la utopía de la felicidad humana, la gente del común no se adscribe a sus propuestas y acompaña en los escenarios políticos convencionales sus iniciativas. Más allá de los medios y sus particulares formas de alienación y enajenación cultural, de las formas clientelares e instrumentales de la política, de las tradiciones de militancia heredadas y de las razones emocionales, la respuesta debe buscarse en la incapacidad para construir escenarios en los que se favorezca la formación de una cultura política que se construye en torno a un proyecto ético político de nuevas ciudadanías que estén permeadas por las necesidades e ideas de cambio y que estén dispuestas a empoderarse y a no buscar en el horizonte de sus incertidumbres la idea de la redención mesiánica de un caudillo o de un partido.

No se pueden construir adhesiones sobre la base de la promesa de un paraíso en el que se resuelven todos los problemas en un tiempo incierto, cuando se vive inmerso en las necesidades de un ahora agobiante. Camilo entendía que  la supervivencia de los dos partidos tradicionales en Colombia debía ser explicada por factores funcionales de alguna utilidad, tanto para la clase dirigente como para la clase popular. ¿Cuál es la utilidad que prestan los partidos de izquierda a las clases populares?...

Cualquier cantidad de críticas puede formularse a esta pregunta y en particular a la demanda de utilidad en esa concepción nuestra en la que cualquier instrumentación de la función del partido es concebida como contraria al interés general; pero acá no se trata de la instrumentalización del partido o de la organización política para el beneficio del interés personal sino para la reproducción de la capacidad de convocatoria, movilización y acumulación estratégico de poder para el cambio presente que beneficia el interés general. Déjenme decirlo de manera más directa, se trata de mostrar en la práctica a través de resultados concretos en transformaciones significativas la utilidad de la unidad de las clases populares para hacer efectivos sus reclamos en torno a derechos específicos.

No existe un discurso demostrativo de los beneficios de la unidad porque no se ha logrado conseguir más que sumatorias de diferencias en pugna permanente por el mantenimiento de los intereses particulares de los grupos y sus dirigentes- caudillos. Todavía queda un largo camino por andar en la posibilidad de ser con los otros, los afines, y aun un camino más largo para poder ser con los contrarios. Hemos elevado las relaciones políticas con los otros a la categoría de enemigos y no de adversarios con los que se puede construir según sea la correlación de las fuerzas en la arena política las transformaciones que cada momento nos reclama.

Pero tal vez lo más grave es que se reprodujo en las prácticas de izquierda los dispositivos de dominación utilizados por la derecha para inmovilizar a las clases populares y someterlas… “los partidos políticos, al dividir la sociedad colombiana verticalmente y al agrupar en las luchas electorales a la clase popular en fracciones antagónicas por sentimientos y tradiciones opuestos, impidieron la constitución de un partido de clase. La ausencia de este partido aseguraba los privilegios de la clase dirigente y el dominio de ésta sobre la clase mayoritaria y popular…. sirve al mismo tiempo para dar seguridad socio-económica a la clase dirigente[4]”.

Para Camilo, además de la unidad una de las ofertas de utilidad que deben ofrecer los partidos a sus militantes es la seguridad, más cuando se vive en sociedades donde las instituciones formales para la seguridad social y personal son deficientes y operan de manera sistemática y aniquiladora  contra las fuerzas de oposición que por lo general están representadas por la izquierda.

Una de las tareas que señala el pensamiento de Camilo que está pendiente y que constituye la base esencial de la movilización popular y el sustento esencial de las transformaciones sociales y políticas es combatir el conformismo y potenciar hacia la acción política la inconformidad que se asume de manera consciente y militante, que se hace práctica política y amor eficaz. Pero para ello es necesario transformar la cultura política de la militancia de izquierda sacándola de su vestidura mesiánica y de su martirologio y heroísmo para que se constituyan en operadores políticos racionales capaces de fijarse metas y construir acumulados estables de poder social y popular.    

Hace algo más de cuarenta años Camilo dirigía sus análisis críticos contra un modelo de militancia constituido por  “…un sentimiento altruista que podemos identificar con él de los socialistas utópicos sin bases científicas y sin tácticas racionalmente establecidas…” para Camilo, “el tradicionalismo obra en ellos no por acción sino por reacción. Lo tradicional, aunque científicamente aparezca aconsejable, es muchas veces rechazado por resentimiento. El espíritu normativo y especulativo hace que estos mismos dirigentes den más énfasis a los planteamientos teóricos que a las soluciones prácticas de nuestros problemas socio-económicos. Esta orientación está estrechamente ligada al colonialismo ideológico de nuestra izquierda. Se usan slogans y clichés. Se emplea una jerga revolucionaria especializada. Se dan soluciones prefabricadas en el exterior a problemas colombianos”… y lleva su crítica más allá al cuestionamiento de prácticas en la que los ojos están puestos en horizontes más lejanos que los padecimientos que se tienen a los pies.    “… se hacen manifestaciones públicas de solidaridad con pueblos oprimidos del extranjero y se olvida la situación de los oprimidos nacionales...”[5].

No es mucho lo que se ha avanzado en la superación de las prácticas de antropofagia y carnicería política en la izquierda colombiana, de otra forma no tendría nada que decirnos afirmaciones de Camilo tan vigentes como “…el sentimentalismo también se traduce en caudillismo personalista y de frustración. Mientras la clase dirigente minoritaria pero todopoderosa se une para defender sus intereses, los dirigentes de izquierda se atacan entre sí, producen desconcierto en la clase popular y representan, en forma más fiel, los criterios tradicionales, sentimentales, especulativos y de colonialismo ideológico”.

Una de las tareas fundamentales de movimiento Camilista consiste, no en otra cosa,  que en propiciar la génesis de nuevas formas de militancia y de una nueva generación de dirigentes políticos que superen las viejas ataduras a través de las cuales se generó esa cultura política que se soportó en un dogmatismo a ultranza y en un sectarismo exacerbado subsumido en las prácticas políticas de una derecha clientelista y corrupta. Un dirigencia que se piense desde lo colectivo y que funcione desde allí en la tarea de superar el grupismo para proyectarse en el concepto de la unidad que nos heredó Camilo generando los empoderamientos que requieren las clases populares para convertirse en auténticos actores de alternativas de poder.

Hoy adquiere más vigencia la afirmación de Camilo en el sentido de que la clase popular colombiana ha logrado sustraerse de los criterios políticos dominantes… en forma más acelerada que los dirigentes de izquierda. Algunas circunstancias históricas de nuestra vida nacional han ido madurando en esta clase concepciones y actitudes políticas. La violencia determinó en nuestra población de base un rompimiento del aislamiento social… un rompimiento con nuestros valores sentimentales y tradicionales, una concepción más empírica y positiva de sus problemas y, a través de ellos, de los problemas nacionales[6]; y esto para Camilo, es el  comienzo de la formación de una  “conciencia de clase” que está constituida por nuevos elementos que se ubican más allá de las tradicionales formas de concebir lo que ello significa en el espacio de una práctica que subsumió todo a la conciencia de la clase obrera y que hoy se reclama en la conciencia de las clases trabajadoras y,  en Camilo,  en la conciencia de las clases populares las que hoy es necesario re-caracterizar. Las transformaciones del modelo capitalista, la degradación del trabajo humano vivo propiciada por la irrupción del trabajo muerto resultante del desarrollo científico y  tecnológico que ha sido generador de la calamidad del paro laboral forzado planetario,  el surgimiento de la informalidad y el trabajo auto referenciado y autónomo nos obligan a pensarnos en un contexto de búsqueda de nuevas identidades que son las que definen esa conciencia de las clases populares que hoy se expresan en los distintos escenarios de los conflictos sociales y políticos del mundo a través de movimientos sociales y de resistencia como el de los indignados.

A Camilo le correspondió la lectura de los retos que le impuso el Frente Nacional a los movimientos sociales y a las fuerzas políticas desde la exclusión, la estigmatización, la persecución y la muerte y,  para él,  esa situación “polarizó el descontento no ya hacia un individuo, hacia un gobierno o hacia un partido sino hacia un sistema y hacia una clase”. No obstante, los desarrollos políticos posteriores no contaron con los acompañamientos suficientes de la izquierda para mantener esa línea de reflexión y se termino identificando los problemas con las personas y los gobiernos y no con las lógicas del sistema y sus dispositivos de dominación.

a.      Lo fundamental es que la clase popular se unifique, se organice y decida.

Camilo supo percibir los cambios que se estaban dando en razón de las políticas que se estaban impulsando y lo que ello generaba en la conciencia de las clases trabajadora y populares, para él, “los programas de acción comunal oficiales y privados, la asistencia técnica aportada por la reforma agraria y otros programas oficiales… han ayudado a despertar, con la conciencia de las propias necesidades, la conciencia de clase”. Es absolutamente claro en Camilo que lo que define la consciencia de clase es la consciencia que se tenga de las propias necesidades y  no el discurso aprendido en los recetarios de la “revolución”,  ideologizado y sectariamente  politizado, recitado de manera autómata sin ningún arraigo en las necesidades y urgencias de los sectores populares. Pero más allá de la identificación del hambre que se padece, para Camilo,  es determinante la ruta que se sigue para superar la necesidad y por eso no duda en afirmar que las clases populares,

” han comenzado a formar hábitos de organización y autogestión de las comunidades...”.  

La crítica de Camilo a la izquierda es profunda y directa, proviene de la percepción de la cultura política popular que es la que explica el porqué de la no participación institucional en escenarios en donde se sustenta la democracia.  “La clase popular parece desilusionada de los sistemas democráticos electorales y por eso se abstiene en los comicios. No se considera representada por dirigentes de izquierda, cuya problemática aparece desadaptada y cuyos intereses se revelan muchas veces como egoístas. La clase popular, cada vez más, confía en sí misma y desconfía de los elementos de las otras clases”.

Poco se ha prestado atención a la preocupación de Camilo sobre las calidades de los liderazgos y de las dirigencias políticas de izquierda, sobre el papel que deben jugar los intelectuales en los procesos de cambio, sus criticas parecen construidas hace cincuenta años para una generación que no se ha podido encontrar con el país en la defunción de sus compromisos , pero sobre todo de la elaboración de un enfoque político pertinente para el desarrollo de la acción política en un presente que se trasforma permanentemente de ahí la vigencia del reclamo de camino cuando afirma: “Es necesario que los intelectuales que quieran el bien de esta clase popular tomen conciencia de su responsabilidad en la coyuntura política social del momento. El pueblo necesita objetivos nacionales y concretos de desarrollo socio-económico. El pueblo necesita la unidad en torno a fases técnicas y racionales. El pueblo necesita un equipo de líderes cuya problemática sea esencialmente realista y adaptada a las circunstancias concretas colombianas. Líderes que sean capaces de abandonar todo personalismo para la consecución de un ideal científico. Líderes que sean capaces de abandonar todo elemento sentimental y tradicional que no esté justificado por la técnica. Líderes que sean capaces de prescindir de los elementos filosóficos y normativos, no en su vida personal ni en sus objetivos últimos, pero sí en cuanto esos representan elementos disociadores entre todos aquellos que buscan una acción concreta y científicamente justificada a favor de las mayorías y a favor del país. Líderes que sean capaces de prescindir de los esquemas teóricos importados y utilicen sus capacidades en buscar los caminos colombianos, para una transformación definitiva y sólida de nuestras instituciones.”

Esa carencia de una práctica política pertinente es la que ha impedido que la inconformidad de los sectores sociales y populares adquiera las formas de organización que posibilitan convertirse en fuerza política y en alternativa de poder. Para Camilo, pese a que el pueblo colombiano  tiene una gran inconformidad. Una inconformidad que se ha visto frustrada…el pueblo siempre ha seguido anhelando una guía para transformar las instituciones del país. Y esa guía no se le ha mostrado en una forma que responda totalmente a ese anhelo… Una forma de encauzar su descontento, no solamente dentro de un partido, dentro de una ideología, sino en una forma amplia alrededor de algunos principios concretos de carácter más positivo que especulativo[7]..

La prioridad de Camilo, en el avance de la lucha política se centro en tres aspectos esenciales que son los que han de definir su hoja de ruta y que aun constituyen partes de los desencuentros de la izquierda del siglo XX, al menos en nuestro país y no con pocas dificultades en otros países de América Latina: construir una unida solidad de las organizaciones sociales y los sectores populares en relación con propósitos comunes; definir las formas de organización pertinentes para la gestión de la práctica política y subordinar el interés personal al interés colectivo, es en ese sentido que afirma como urgencia que lo “más importante es que nosotros logremos que las mayorías se organicen, se unifiquen y puedan presionar para obtener las decisiones necesarias a favor de los intereses mayoritarios… distinguir entre lo que es el poder formal y el poder real...” y agrega, “El día que logremos nosotros que las mayorías se unifiquen, se organicen con objetivos concretos, y produzcan las decisiones, ese día tendremos una auténtica democracia”[8]

2.    La unidad, una plataforma política y el Frente Unido

a.      El concepto de Unida en Camilo Torres Restrepo

Camilo fue construyendo en la práctica y desde sus propias percepciones y necesidades una serie de conceptos y enfoques, que son los que constituyen la base esencial de su herencia política e ideológica. El orden de los acontecimientos y las premuras del momento no le dieron mucho espacio para hacer grandes desarrollo de sus ideas esenciales lo que no implica que él no sintiera la necesidad de desarrollar lo que apenas quedaba esbozado en los discursos y conferencias que iba realizando a lo largo del país y, que no aprovechara las reuniones que tenia con su equipo para dar fortaleza a sus ideas en espacios de formación y trabajo organizativo. 

El concepto de la unidad de los sectores revolucionarios y populares fue centro esencial de sus preocupaciones, porque sus relacionamientos con las distintas organizaciones lo habían enfrentado a una realidad que estaba lejos de ser la deseada para un proceso revolucionario como el que pretendía impulsar y comprometerse. No son pocas críticas cortantes que formula a los grupismos y al comportamiento de las dirigencias de la izquierda en la definición de las rutas de unidad. Es de allí y de su permanente preocupación por la suma de voluntades y de acciones que surgen los enunciados que son la base esencial de la concepción de Camilo de la Unidad.

Contundente a este respecto resultan afirmaciones tales como, “Tenemos nosotros que lograr la unión revolucionaria por encima de las ideologías que nos separan. Los colombianos hemos sido muy dados a las discusiones filosóficas y a las divergencias especulativas. Nos perdemos en discusiones que, aunque del punto de vista teórico son muy valiosas, en las condiciones actuales del país, resultan completamente bizantinas”[9]. Pero no eran solo las ideologías lo que preocupaba a Camilo, también el comportamiento de las organizaciones pues consideraba necesario superar también las formas de la existencia orgánica de los partidos y movimientos de izquierda lo que lo llevaba a afirmar de manera terminante “necesitamos la unión por encima de los grupos”, y a señalar con una vigencia que se extiende al presente “es lastimoso el espectáculo que da la izquierda colombiana ... Los dirigentes de los diferentes grupos progresistas, muchas veces, ponen

más énfasis en las peleas que tienen entre sí que en su lucha contra la clase dirigente. La línea soviética del partido comunista ataca más a la línea china, la línea blanda del MRL a la línea dura, el MOEC al FUAR, de lo que cada uno de esos grupos ataca a la oligarquía”[10].

Si bien la situación no era fácil para Camilo en la construcción de su momento histórico, si fue heredando afirmaciones que hoy constituyen la esencia de su pensamiento en torno a la unidad en el sentido que más allá del voluntarismo unitario y del romanticismo revolucionario la unidad debía cocerse en torno a objetivos claros a los cuales se circunscribieran las acciones políticas resultantes de la confluencia de fuerzas.  “ ... necesitamos, afirmaba Camilo,  algunas condiciones indispensables para realizar la unión... no podemos unirnos a base de ilusiones vagas. Ante todo necesitamos objetivos nacionales que encaucen nuestra energía y la de todo el pueblo colombiano...”.

Los esfuerzos unitarios en los que estaba empeñado Camilo se chocaban con una izquierda dogmatica, sectaria, grupista que lo obligaba a profundizar la argumentación en la elaboración de unos enunciados que más que conceptos y teorías, que reflexiones filosóficas se hicieran praxis transformadora. “…nos ponemos a discutir sobre si el alma es mortal o inmortal y dejamos sin resolver un punto en que si estamos todos de acuerdo y es que la miseria sí es mortal.”.

En Camilo, hay un pragmatismo absoluto que lo conduce a señalar la practica como criterio de unidad y de verdad, “…hay puntos elementales indicados por la técnica social y económica que no tienen implicaciones filosóficas sobre los cuales, los que buscamos una auténtica renovación del país, podemos ponemos de acuerdo, prescindiendo de las diferentes ideologías, no en nuestra vida personal, pero sí en nuestra lucha revolucionaria inmediata. Los problemas ideológicos los resolveremos después de que triunfe la revolución…”.

No obstante,  contrario a lo que pudiera pensarse, frente al grotesco espectáculo de una izquierda divida en grupúsculos sectarios. Camilo considera que eso no puede mirarse en negativo y que es necesario sobre esa realidad hacer valoraciones que fortalezcan los procesos unitarios: “Es necesario que asumamos una actitud rotundamente positiva ante todos los grupos revolucionarios. Afirma Camilo, …aceptando todo lo que sea revolucionado, venga de donde viniere…”. No resulta menor su preocupación por el papel que juegan las ambiciones personales y de la misma manera señala la necesidad de construir la unión por encima de ellas.

Las circunstancias históricas no parecen haber variado mucho en los procesos unitarios que existen en nuestro país y en las prácticas de nuestras izquierdas; en los nuevos contextos de la lucha política el pensamiento de Camilo se mantiene vivo y adquiere un mayor vigor, en particular, en eso de hacer a un lado lo que divide y colocar al frente lo que unifica y posibilita una mayor y más fuerte movilización política.

Camilo era de la idea que la unidad, para ser autentica fuerza de renovación y transformación social,  requería de unas condiciones mínimas y estas estaban dadas en lo esencial por una plataforma de lucha y por una confianza sentida en la capacidad trasformadora del pueblo: “Ante todo necesitamos objetivos nacionales que encaucen nuestras energías y las energías de todo el pueblo colombiano…, afirmaba Camilo, hemos venido elaborando y planteando una plataforma que resume los objetivos a largo plazo de una acción revolucionaria..., a lo que agregaba, solamente la dinámica de los hechos impondrá la unión y estos hechos los tendrá que realizar la masa…, en el pueblo existen necesidades comunes, sufrimientos comunes, aspiraciones comunes. Por eso será, en última instancia, el pueblo el que nos enseñará cómo debemos realizar la unión”.

Sin embargo, Camilo no es ingenuo, sabe que ese pueblo requiere de ser educado-concientizado, para que su conformismo se transforme, para que el estado de alienación y de sometimiento se supere y que eso no se da de manera espontanea, sino que requiere de un fuerza social que ayude a que se produzcan los cambios de mentalidad y,  por eso,  convoca a estudiantes y a profesionales, a líderes y dirigentes políticos y sociales, a trabajar en el cambio de la cultura política que mantiene sometido al pueblo: “Nosotros debemos reconstruirla confianza que el pueblo debe tener en sí mismo. Debemos ayudarlo a que encuentre seguridad en la acción, por pequeños triunfos de acción colectiva al principio que, poco a poco, se convertirán en acciones cada vez de mayor trascendencia. Así, nuestro pueblo adquirirá una actitud activa ante sus propios problemas, condición indispensable para poderlos resolver por sí mismo”.  

Si bien, concientizar y movilizar al pueblo,  se constituía en una exigencia, para Camilo, no era suficiente;  los cambios y la protección y continuidad de los mismos estaba garantizada única y exclusivamente por las posibilidades de organización política que tuvieran las comunidades: “se necesita la organización, organización que supone planificación, liderazgo, coordinación, control. La conciencia, actividad y organización que nosotros debemos promover en la clase popular nos exigen tener unidad de conciencia, unidad de actividad y unidad de organización entre nosotros mismos. Las rencillas de grupos y los personalismos desconciertan a esa masa. Este desconcierto que esteriliza la lucha debe ser para nosotros el más poderoso acicate para buscar la unión y no traicionar a nuestro pueblo y a nuestra misión histórica”[11].

La difícil ruta del Frente Unido

Camilo,  a partir de 1963, ha alcanzado los acumulados y las experiencias de vida  que lo llevan a transitar momentos en que empieza a definir su posición política y a comprometerse en la construcción de un movimiento de unidad popular, en el que tuviese cabida los militantes de las  organizaciones políticas existentes en ese periodo de la historia de Colombia,  pero sobre todo los inconformes con las condiciones de vida existentes en el  país,  que por no militar en ninguna organización,  él llamaba los "no alineados",  pero, que en la práctica , no eran otra cosa que los sin partido.

Las condiciones en que Camilo fue levantando el movimiento que habría de constituirse en el Frente Unido, estuvieron rodeadas de dificultades permanentes; en el corto plazo de cuatro meses maduró su pensamiento político unitario, se  definieron sus puntos de vista y su práctica social transformadora, pero las confrontaciones permanentes con las jerarquías de la iglesia, las ofensivas de la prensa, la actitud de los intelectuales, de los partidos de izquierda y de sus militantes fueron tornando prácticamente imposible su ideal de unidad popular y lo fueron conduciendo poco a poco, unas veces por voluntad propia, otras por el orden y gravedad de los acontecimientos, a su vinculación definitiva a la guerrilla del ELN.

Desde finales de 1964, Camilo había propuesto construir una plataforma de unidad, sobre la base de su propio estudio de la realidad colombiana, que le permitiera dar impulso a un movimiento político capaz de imprimirle al país una dinámica distinta y conducir a los sectores populares al ejercicio del poder. Para tal fin, Camilo se reunió con dirigentes políticos y gremiales progresistas, intelectuales y profesionales, inconformes, con capacidad de elaborar un estudio riguroso sobre los más apremiantes problemas nacionales. A pesar de que las comisiones de trabajo se establecieron y se estuvo de acuerdo en la necesidad del mismo, febrero de 1965, llegó sin que se concretaran los informes. Camilo  decide entonces, darse a la labor de estructurar un material de trabajo, a manera de plataforma, con el objeto que se constituyera en el punto de partida de una

discusión que arrojara como resultado una reacción general a través de la cual se fuera depurando un conjunto de ideas capaces de convocar la unidad nacional.

Terminado el documento, Camilo lo da a conocer a los dirigentes y activistas políticos con los que mantenía relaciones despertando efectivamente con su lectura las más disímiles reacciones; desde los que lo consideraban demasiado inconsistente, hasta aquellos que lo veían como una propuesta extremista. El documento fue adquiriendo en medio de la discusión nuevos elementos, pero lejos de constituirse en una declaración más amplia se hizo más beligerante y radical.

Es necesario ponderar los esfuerzos de unidad de la izquierda, los sectores democráticos y populares del país en torno al Frente Unido, en el marco de las particulares condiciones en que se están desarrollando los conflictos sociales y políticos en el país en la mitad de la década de los sesenta y en el desarrollo de las lógicas políticas del Frente Nacional. El pensamiento y la práctica política de Camilo se corresponden a las urgencias de su época y desde esas circunstancias sus ideas lo que constituyen es un reflejo de la situación en una perspectiva que busca proyectarse en el tiempo, pero que está determinado por las necesidades del momento político.

La convocatoria a todas las fuerzas sociales y políticas - populares, de izquierda y democráticas- a los no alineados a la creación del Frente Unido, despertó en sectores importantes de la población entusiasmo que se transformó en acompañamientos y trabajo organizativo, pero igualmente, se encontró con resistencias propias de una cultura política acostumbrada ganar reconocimiento en la degradación permanente del adversario y en la crítica de oficio.

El 12 de marzo Camilo dio a conocer lo que se constituyó como plataforma del Frente Unido. El documento está dirigido a todos los colombianos, a las clases populares y medias, a las organizaciones de acción comunal a los sindicatos, cooperativas, ligas campesinas y organizaciones obreras, indígenas, a todos los inconformes, hombres y mujeres, a la juventud, a todos los no alineados en los partidos políticos tradicionales y, a los nuevos partidos. La plataforma está constituida por unos motivos que explican la razón de ser de la misma en el marco de la lucha política que se desarrolla y unos objetivo programáticos que abordan temas de central interés para el país y en particular para los sectores populares.

En relación con los motivo,  la plataforma señala la necesidad de que la política se oriente en beneficio de las mayorías y que eso solo es posible si esas mayorías acceden al poder, porque las minorías que detentan el poder político y económico no van a colocarse en contra de sus propios intereses y no van a formular una política que en detrimento de los mismos favorezca los sectores populares. Desde esta percepción de las relaciones de conflicto y poder  el documento proyecta el concepto de poder popular en la medida en que señala abiertamente que en las circunstancias en que se ejerce el poder en el país, se hace indispensable un cambio de la estructura del poder político para que las mayorías organizadas produzcan las decisiones. Pero que para ello se requiere de un poder social capaz de darle base a un nuevo poder político, el que no existe en el país y,  por lo cual,  se requiere su pronta formación. Esa nueva organización política, que la constituiría el Frente Unido se concibe de carácter pluralista, pues no de otra forma podría intentar ser expresión de la unidad  de los nuevos partidos, los sectores inconformes de los partidos tradicionales, las organizaciones no políticas y en general de los sectores sociales y populares; una organización que debía contar con una planeación técnica y constituirse alrededor de principios de acción más que alrededor de un líder para evitar  el peligro de las camarillas, de la demagogia y del personalismo.

En relación con los objetivos programáticos, lo que debía terminar llamándose Frente Unido de los Movimientos Populares desarrollaría su lucha en torno a:

Una reforma agraria que tocaría el tema de la propiedad y uso de la tierra, la produccion cooperativa y comunitaria, contaría con asistencia técnica y crédito e iría superando la produccion de subsistencia hacia la produccion comercial. Aspectos todos sin resolver aún y materia de discusión en un nuevo contexto económico y político en la mesa de conversaciones para la solución política del conflicto armado en el país;

una reforma urbana, proyectada de manera sencilla para garantizar el derecho a la vivienda y los servicios públicos,  el uso racional y publico del suelo urbano y la acción interinstucional,  coherente y coordinada,  de agencias e instituciones encargada de promover el desarrollo urbano;

Reforma de la Empresa privada, en la que se plantea una discusión muy interesante sobre las posibilidad de un modelo de propiedad de los medios de produccion que convoca la participación de los trabajadores y el desarrollo de un sindicalismo libre, hoy esa discusión se traslada a la crítica situación del trabajo vivo, el desempleo y el estancamiento del desarrollo industrial ante el avance de las economías extractivas;

Cooperativismo en el marco de las economías solidarias y de una política de Estado capaz de fortalecer e institucionalizar los esfuerzos realizados en los ámbitos de la produccion, el mercadeo y los servicios los sectores populares y de trabajadores;

La acción comunal, pensada en la perspectiva de la ampliación y profundización de la democracia en lo local urbano-rural; en materia de desarrollo comercial la Plataforma se plantea una política de planeación de carácter proteccionista que favorezca las exportaciones y controle las importaciones, que contribuya al desarrollo económico nacional y a la integración latinoamericana, todos aspectos fundamentales en el contexto de un modelo económico pensado en el fortalecimiento y desarrollo de sus propias capacidades productivas;

En materia de política tributaria, la propuesta busca la mayor equidad posible y  la generación de un régimen de contribución forzada; en materia de política monetaria la plataforma señala la necesidad de racionalizar y dirigir la emisión de moneda, de defender el patrón de cambio;

En relación con las nacionalizaciones, se busca controlar sectores como la banca, la salud, la educación, la distribución de los medicamentos, los medios de trasporte, los medios de comunicación y los recursos naturales y energéticos colocándolos al servicio del interés  común. Resulta interesante el hecho que el movimiento no se opone a la inversión extranjera pero establece con toda claridad las condiciones en que se deben hacer las concesiones, en lo esencial en el sector petrolero, fijando como beneficio para estas de solo el 20%, lo que resulta visionario a lo que ocurre en materia de hidrocarburos hoy en la Bolivia de Evo,  que solo reconoce utilidades del 18% sobre los costos y esa utilidades paga impuestos al Estado como lo debe hacer cualquier inversionista.

En materia de relaciones internacionales establece la necesidad de mantener relaciones diplomáticas y comerciales con todos los países del mundo.

La plataforma asume la concepción en materia de salud que es responsabilidad del Estado garantizar este derecho fundamental proporcionando el mejor estado de salud que las personas sean capaces de poseer.

En la familia, la niñez y la mujer,  tienen un lugar de protección especial garantizado por el estado que sanciona cualquier tipo de abandono o violencia.

La plataforma convoca como delitos sociales la usura, acaparamiento, especulación, fuga de capitales, contrabando, difamación por la prensa, la radio, la tv o el cine, la desorientación de la opinión pública por medio de falsas noticias, informaciones incompletas o tendenciosas, delitos todos vigentes hoy y agudizados por las formas del desarrollo del capital especulativo y las practicas informales de desangre económico en las esferas de las capacidades de endeudamiento popular en peligrosas practicas de usura en el día a día.

Por último la plataforma en relación con las Fuerzas Armadas señala la necesidad de disminuir los presupuestos dedicados a la represión, discusión que esta al orden día, más cuando estos superan ampliamente los presupuestos de inversión social. Igual convoca el cambio del servicio militar obligatorio por el servicio social obligatorio propuesta que desde hace varias décadas por los objetores de conciencia.             

Los tres meses que siguieron, a la vida de Camilo Torres antes de incorporarse al ELN, giraron en torno a la preparación y publicación del periódico "Frente Unido", a la realización de giras en cumplimiento, de invitaciones que se le formulan desde distintas partes del país para que diera a conocer y explicara sus planteamientos y a estableciera contactos con los diferentes partidos y agrupaciones políticas de oposición para desarrollar su propuesta de Frente Popular en el que tuviesen cabida las organizaciones políticas y esa masa de "no alineados" que fue motivo central de sus preocupaciones.

Para Camilo, el semanario del Frente Unido significaba la posibilidad de generar organización y aglutinar en torno a él a sectores sociales que independientemente del origen de sus puntos de vista estuviesen de acuerdo en lo fundamental: la unidad del movimiento popular para hacer la revolución. Esta posición guardaba en su interior serias dificultades para el proceso unitario propuesto por Camilo: Las tradicionales prácticas dogmáticas, el oportunismo, las actividades sectarias, el recelo, los prejuicios políticos y las ambiciones de poder que se hacían presentes allí para generar contradicciones insalvables que tenían que ver con el comportamiento y la arraigada cultura política de los grupos de oposición.

Una última reflexión

La situación por la que atraviesa actualmente la izquierda colombiana no es muy distinta de la que tuvo que vivir Camilo y la necesidad de poder construir un Frente Unido del Pueblo sigue siendo una tarea que esta al orden del día. Todos los esfuerzos por madurar un imaginario de unidad que se plasme en una plataforma de lucha, más allá de las ideologías, los grupos y las personalidades, han sido arrojados por la borda en las practicas “tradicionales” del un sectarismo dogmatico y grupista y, de un personalismo que siempre ha sabido colocar sus intereses particulares por encima del interés nacional.

Hoy las ideas de Camilo están a la espera que un riguroso pensamiento Camilista les de la vitalidad que requieren para enfrentar los nuevos retos de la globalización y el mundo neoliberal. 

[1] Tercer Mundo, Gaceta Mensual de Bogotá, pidió esta entrevista a Camilo Torres y la publicó con el titulo de Posibilidades de la Izquierda,  en su número 13 de Mayo de 1965.
[2] Posibilidades de la Izquierda, idem
[3] Idem.
[4] Idem.
[5] idem
[6] idem
[7] Reportaje de ARMIN HINDRICS Y FERNANDO FONCILLAS
[8] Reportaje de ARMIN HINDRICS Y FERNANDO FONCILLAS
[9] Ver a este respecto su intervención en el Homenaje Nacional que se le hizo  en la Universidad Nacional de Colombia el  Mayo 22 de 1965
[10]Intervención en el Homenaje Nacional que se le hizo  en la Universidad Nacional de Colombia el  Mayo 22 de 1965
[11] Intervención en el Homenaje Nacional que se le hizo  en la Universidad Nacional de Colombia el  Mayo 22 de 1965